Continuando con nuestra cartelera 2026, este abril y mayo en Teatro del Puente se presentará “No quiero ser María”, una obra que gira en torno a una mujer enferma de aquello que no sabe nombrar, lo que la sumerge en una batalla con su propia identidad.
La propuesta de la obra surge desde la «incomodidad de heredar un nombre», según explicó su directora, Javiera Mendoza: “Trabajamos con esa figura como un mandato sobre los cuerpos femeninos, pero también como un dispositivo colonial que ha modelado identidades en América Latina. En escena, ese orden se tensiona con otras memorias, más cercanas a lo ritual, donde el cuerpo deja de ser individual y se convierte en un territorio en disputa.”
En relación con la visión del espectador en la puesta en escena, Mendoza, agrega que su interés radica en que el público se encuentre con una experiencia más que un relato cerrado. “La obra propone un tránsito: un cuerpo que se desarma, que se resiste a un mandato y que entra en contacto con otras memorias. Espero que esa incomodidad se vuelva compartida, que algo de esa pregunta, qué herencias habitamos y cuáles podemos romper, quede resonando más allá de la escena.”, explica.
Esta propuesta busca la inmersión del espectador, un propósito que se logra tanto desde la narrativa hasta la performance. Sobre esto, Kath Maureira, Asist. Creativa y Diseñadora de vestuario, comenta: “la relación entre el diseño y el cuerpo la observo como un todo. Me interesa trabajar sobre un cuerpo que contiene, en su interior, las memorias de todos los territorios que ha habitado, y cómo estas se traducen en formas de movimiento, de vestir y de hablar”
Por su parte, Voluspa Jarpa, Diseño y Arte visual, menciona que se trata de un proceso en el que la protagonista se va “vaciando de las exigencias a las que se ha sometido como mujer, hija, artista hasta llegar a un estado de conciencia de lo ancestral que modifica sus parámetros de vida, de las formas y del sentido.”
Reseña
Una mujer se enferma de algo que no sabe nombrar y entra en un ritual que desarma su identidad. Lo íntimo se vuelve colectivo: su cuerpo deja de pertenecer y se abre a memorias que lo atraviesan, fragmentándolo en territorios olvidados.
No quiero ser María, explora el peso de un mandato inscrito en los cuerpos femeninos: un nombre que se repite imponiéndose como destino.
Entre la rigidez del orden occidental y la potencia de lo ritual latinoamericano, la obra propone la fractura de esa identidad, su disputa constante en la búsqueda de romper con esa herencia y la aparición de una fuerza desconocida que insiste en emerger.




